martes, 20 de febrero de 2018

POETAS 121. Elvira Sastre


Los poemas que se seleccionan aquí están extraídos del libro de Elvira Sastre (Segovia, 1992) titulado "La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida".
 
EL DESIERTO DE MI ISLA

Soy una isla.

 

Todos quieren llegar,

Traerse un libro,

Algo de comida

Y un amor.

 

Imaginan los árboles,

Piensan en el mar que no se vacía,

Son capaces de tumbarse sobre

Mi arena

Y ser ellos mismos

Porque es terriblemente sencillo:

En mí no existen los espejos,

Cuido con esmero la contracción del paisaje,

Acaricio el pasado y los errores ajenos,

Marco el camino y no el tesoro

Y me mantengo siempre estática,

Sin hacer ruido, sin causar peligro,

Esperando el golpe con las palmas abiertas.

 

Es fácil querer llegar.

Querer quedarse es igual de fácil

Que ahogarse en una gota

De agua.

 

Es así: todos quieren llegar

Y, sin embargo,

Todos quieren irse

En el momento en el que llegan.

 

Quizá sea por el olor a polvo que me cubre,

Por el viento que va dejando partes de mí

En cada trozo de tierra que piso

Y me devuelve incompleta a la orilla,

Por el cansancio de mis ojos

Que siempre está en otra parte

O, quizá, porque nadie quiere vivir

En un lugar deshabitado.

 

Nadie quiere estar en una isla desierta

Cuando se hace de noche.


sábado, 10 de febrero de 2018

REESCRIBIENDO A EDIPO


 
 


 

1

El escritor tiene que perseguir a sus personajes y ver hasta dónde pueden llegar. Inventarles múltiples destinos. Imaginemos a un escritor que persigue a su protagonista. Trata de identificarse con él. Quiere ser original y llama al protagonista Edipo. Las alternativas sobre el destino de Edipo son tantas, que pueden llegar a marear. Voy a intentar marear a Edipo. Primera alternativa para un escritor que persigue a Edipo: el escritor está bloqueado y no se le ocurre nada sobre Edipo. Se queda en blanco. Edipo no llega siquiera a nacer. Intuye que tiene unos padres. Alcanza a darles nombre: Layo y Yocasta. Pero como está bloqueado, no llega a crear para ellos ni siquiera un himeneo: Layo abomina de  las mujeres y si convive con Yocasta es porque necesita una reina para acceder al trono. O tal vez sí le gusten las mujeres, pero la maldición de toda la estirpe de Layo ha caído sobre Edipo. Es la maldición de Edipo. La maldición del escritor que es incapaz de escribir. Es la maldición del folio en blanco. Al escritor le gustaría añadir algo sobre el destino de Edipo, pero es incapaz ni siquiera de imaginarlo. Se justifica diciendo que el padre de Edipo es impotente o estéril. Y ya está. Edipo ha sido condenado a la nada. Y como la historia se escribe a través de los ojos de Edipo, no podríamos decir nada sobre Edipo. Ni siquiera que tuviera padres. Nos queda sólo un proyecto para escribir Edipo, que se ha quedado reducido a nada.

miércoles, 7 de febrero de 2018

PENSAMIENTOS 17. Eugenio D'ors (I)


 




 

Nació en Barcelona el 28 de septiembre de 1882, en el seno de una familia burguesa. Recibió su primera educación en el hogar. En 1898 ingresa en la facultad de Derecho. Al año siguiente publica algunas “narraciones arbitrarias", más tarde vertidas al castellano, integrando el volumen “la muerte de Isidro Nonell" (1905). En esta primera época colaboró como periodista en “La veu de Catalunya” y se enfrascó en la lectura de los clásicos de la filosofía. En 1901 tomó parte en las tareas del primer Congreso Universitario Catalán, defendiendo una ponencia, adoptada por unanimidad, a favor del establecimiento de una facultad laica de estudios teológicos. Licenciado en 1905, se mudó a Madrid  para realizar los estudios del doctorado, a la vez que cursa estudios de Filosofía y Letras. En 1906 se trasladó a París, continuando sus estudios en la Sorbona y en le College de France. Pensionado en 1908 por la diputación de Barcelona para estudiar la organización de la enseñanza superior, se inició en los trabajos de psicología en el laboratorio de la Clínica de Santa Ana de París. En agosto de ese año asistió al Congreso de Filosofía de Heidelberg; uno de los trabajos presentados, “Religio est libertas”, suscitó viva discusión. Prepara varios trabajos sobre psicología y psiquiatría y asiste al VI congreso Internacional de psicología de Ginebra en 1909; allí lee una ponencia.  Con el fin de introducir en Cataluña la vida científica moderna, publicó en 1911, en la revista Cataluña, un programa de intervención en la política cultural del país. La iniciativa fue bien acogida por Prat de la Riba, presidente de la Diputación provincial, quien le dio a D’Ors el cargo de Secretario del Institui d’Estudis Catalán, encomendándole el fomento de las ciencias y la filosofía. Después de doctorarse en Filosofía  por la Universidad de Madrid en 1913, con una tesis sobre las paradojas eleáticas, oposita a una cátedra en  Barcelona, pero sin éxito. Al morir Prat de la Riba, D’ors pierde el favor institucional del que había gozado –fue director de Instrucción Pública de la Mancomunidad de Cataluña- y acaba siendo destituido de sus cargos. En 1920 abandona el catalán como lengua escrita y se traslada a Madrid, donde sigue publicando sus glosas bajo el nombre de “nuevo glosario”. Durante esta etapa se ganará la vida como reconocido conferenciante, viajando por Hispanomérica y parte de Europa. Incómodo con la república, se refugia en París, pero regresa a la zona nacional  al estallar la guerra, fijando su residencia en Pamplona. Milita en la Falange y obtiene diversos cargos, entre ellos, la jefatura nacional de Bellas Artes en 1938. Al finalizar la guerra se le encomienda el rescate de los fondos del Museo del Prado, que habían sido puestos a recaudo en Ginebra por políticos republicanos. Durante los últimos años vivió en Madrid colaborando como articulista de lujo para los principales diarios de la época. En la Universidad de esta ciudad se creó expresamente para él la cátedra de la Ciencia de la Cultura. Un año después, en 1954, fallecía en Vilanova i la Geltrú mientras preparaba un curso de verano.

Para José María Valverde, D’Ors se convirtió en una figura goethiana, con poderes de ministro en Cataluña pero, que queda descolocado a la muerte de su mentor, Prat de la Riba, hasta el punto de que pasa a escribir en castellano en 1917 y ya no logra añadir nada nuevo a su estilo ni a su doctrina filosófica. Según palabras del propio D'Ors, su tarea era ir contra Voltaire con las armas del mismo Voltaire. Finalmente encontró en Nietzsche un enemigo de mayor enjundia. El método que utilizaba en sus glosas era ir ascendiendo de la anécdota a la categoría; solía arrancar glosando un hecho al que teñía de humor y remataba con una conclusión teórica que daba al género del periodismo un empaque de seriedad.

Se puede definir la filosofía de D’ors, según Ferrater Mora, como una superación del pragmatismo, un intelectualismo basado en el “seny”, el órgano que capta la realidad y que se opone por igual a la intuición y a la razón abstracta. Su vida y obra está presidida por la “heliomaquia”, una constante lucha de la luz contra la oscuridad. En esta heliomaquia se puede ver lo característico de la reflexión mediterránea. Mediante la razón se contienen las fuerzas de lo irracional y se da forma a la materia. José Luis Aranguren ha visto en esta heliomaquia un principio ético que se expresa en el afán de ilustración, en una misión por dar luz a la sociedad de su tiempo. El núcleo de su filosofía irradia ya desde un principio de su libro “El hombre que juega y que trabaja” (1914), donde se concibe al hombre como un ser que actúa con otras realidades distintas de sí mismo. Al igual que en la obra filosófica de Schiller, D’ors ve la esencia de lo humano en el “homo ludens” y concibe el juego como esa dimensión que hace que el hombre vaya explorando su propia libertad: “religio est libertas”.

Partiendo de esta filosofía del juego y de la luz y sustentando como principios el orden, la claridad y la armonía –su divisa délfica será: “ordénate a ti mismo”-, D’ors va a desplegar un sistema filosófico que consta de una dialéctica, una poética y una patética. La dialéctica se basa en el diálogo y la ironía. El hombre se desarrolla al entrar en contacto con otras realidades distintas de sí mismo y ha de dialogar con ellas para entenderse a sí mismo y todo lo que le rodea. Este diálogo se establece cada vez que al pensamiento propio se incorpora uno ajeno o se logra una síntesis que salva las posiciones antagónicas. La ironía desempaña un papel mediador para que este diálogo no se convierta en un monólogo. "Diálogo hay cuando, de cualquier manera, el autor toma en cuenta el pensamiento ajeno y lo incorpora al propio", o bien establece entre dos pensamientos un modo de oposición o contraste.

Ya desde sus primeros libros va a preocupar a D'Ors el problema del mal. El pecado, al introducir un principio de desorden, provoca una ruptura en el orden de la naturaleza y se inicia la caída con la puesta en marcha  del devenir y de la temporalidad. También es importante para su poética la teoría del ángel, desarrollada en su “introducción a la vida angélica” (1939). El hombre es un ser tripartito: su parte estrictamente humana está lindando con la región satánica y con la angélica. El centro propiamente humano, representado por la consciencia, y en donde habita el alma, se acrece o amengua según que se relacione más o menos con el extremo subconsciente o con el supraconsciente. El destino y la personalidad surgen del diálogo que establece el alma con sus otras dos instancias. El yo auténtico lo representa el ángel, a quien el hombre ha de tratar de aproximarse. Es decir, se trata de hacer madurar nuestro yo supremo liberando nuestra personalidad más pura y desprendiéndola de los elementos impuros de las primeras etapas de la vida. Para liberar al ángel es conveniente recibir la acción bienhechora de un pedagogo que practique con nosotros la mayéutica. Lo esencial de la humanidad se hallaría en el esfuerzo de responder a la llamada del ángel, principio de trascendencia que nos arranca de lo terrestre para elevarnos hacia lo uno, hacia Dios.

Una de las propuestas interesantes de D’Ors es su reforma kepleriana de la filosofía, que hace pivotar sobre dos principios: el de función exigida y el de participación. La diversidad de lo real no se ordena en torno a un centro (circularmente), sino en torno a centros (elípticamente) mostrando un proceso de síntesis, participación y jerarquía. La razón debe abandonar su funcionamiento mecanicista y comenzar a ser intuitiva y flexible. Una razón que ya no opera bajo los principios de identidad ni de razón suficiente. El universo ya no funciona como un mecano sino como una sintaxis, donde los seres no se agregan sino que participan unos en otros y forman jerarquías.

Dentro de la poética, D’ors inserta la ciencia de la cultura. Para que la historia pueda considerarse ciencia filosófica ha de depurar lo que tiene de temporal y contingente y elevarse a lo universal y eterno. De esta forma es posible vislumbrar la metahistoria que constituye el fondo de la Historia, es decir, la historia de la cultura.  La historia de la cultura se manifiesta en una serie de constantes históricas, a las que D’ors denomina “eones”: categorías arquetípicas que se insertan en la trama de la historia y que recurren a través de las épocas. “Un eón es una idea que tiene biografía”, según la definición de D'ors. Todo eón es más abstracto que un concepto, pero menos individual que un hecho histórico. Los eones presentan una estructura dicotómica: son lo viril y lo femenino, el lenguaje y el silencio, la fuerza y la dulzura, el orden y el desorden, la autoridad y la anarquía, lo clásico y lo romántico, el imperio y la dispersión, lo ecúmeno y lo exótero.  A pesar de estos avatares en los que se manifiesta la historia, el mundo se eleva por encima de ellos y va evolucionando hacia el imperio universal. Todos los eones pueden ser resumidos en dos: lo clásico y lo barroco. En estos dos eones fundamenta D’Ors su doctrina estética. El clasicismo se identifica con la razón, la unidad, el elemento apolíneo y la belleza. Lo barroco aparece siempre como multiplicidad y representa el predominio de lo instintivo y dionisiaco. Lo barroco es un estilo de barbarie; lo clásico representa a la civilización. Por su defensa de una razón figurativa y de la mesura y el orden, D’Ors se decantará siempre por adoptar un estilo clásico.

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Qué es vivir?
Vivir es gestar un ángel para alumbrarlo en la eternidad.
 
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Todo pasa. Pasan pompas y vanidades. Pasa la nombradía como la oscuridad. Nada quedará en fin de cuentas. De lo que hoy es dulzura o el dolor de tus horas, su fatiga o su satisfacción. Una sola cosa te será contada y es TU OBRA BIEN HECHA.
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Exorcizar el tiempo. No condenándole como Platón a muerte sino a cadena perpetua.
 
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En todo trabajo y en todo juego se esconde una semilla de eternidad. Filosofar es hacer germinar y florecer una semilla de eternidad que los juegos y trabajos encierran. Y esto sin que se deje de trabajar y jugar. Pero suspendido, a cada instante, el trabajo y el juego.




martes, 23 de enero de 2018

POETAS 91. Nicanor Parra III ("Camisa de fuerza")


 
 
 

Hoy ha muerto Nicanor Parra. Se sigue la tradición de esta sección de abrirles un espacio a los poetas que van muriendo. Este era el fallecimiento más esperado, por  longevo: ha muerto a la mareante edad 103 años. Gracias a su tenacidad en el vivir logró que le concedieran el premio Cervantes cuando tenía más de noventa años. Fue el más desmerecido de los premios Cervantes, pues hubiera merecido que se lo dieran mucho antes. Si no fue así, fue porque les parecía demasiado sacrílego y burlón para merecer un premio. No se premia a los disidentes que hacen sangre de las cosas más sagradas y se cisca en la solemnidad del mundo, incluida una de las cosas más solemnes: la poesía. Por eso su poesía quiso rebelarse contra la solemnidad y la retórica del oficio de poeta, bajar a la calle y hablar en el lenguaje de todos los días. Quiso hacer bajar a los poetas del Olimpo. Recordamos los versos finales de su manifiesto: Contra la poesía de las nubes/nosotros oponemos/la poesía de la tierra firme/-cabeza fría, corazón calientes/somos tierrafirmistas decididos-/contra la poesía de café/la poesía de la naturaleza/contra la poesía de salón/la poesía de la plaza  pública/la poesía de protesta social.

 Se seguirá dedicando un espacio al resto de su obra que aún no ha sido seleccionada aquí. Se deja ahora selección de su libro "La camisa de fuerza" (1962-1968). Anteriormente se han seleccionado poemas de sus libros "antipoemas" -donde se incluye su célebre poema Soliloquio del individuo- y "versos de salón". Se deja amplia reseña biográfica del poeta. También articulo del novelista Carlos Franz, titulado "Don Nica, el okupa y el humor antipoético", publicado en ABC.

 

Nicanor Parra fue el “hijo mayor de un profesor primario/ y de una modista de trastienda”, que nació en San Fabián, Chile, el 5 de septiembre de 1914, en medio de una numerosa familia con varios miembros dedicados a la música popular. Con 18 años gana una beca de la “liga de estudiantes pobres” y se traslada a Santiago para terminar sus estudios de educación secundaria, ampliándolos luego con su ingreso en la facultad de Física y Matemáticas. Comienza durante este tiempo a publicar en revistas sus primeros poemas, en los que acusa la influencia de Federico García Lorca y Walt Whitman. En 1937 regresa a Chillán para ejercer de profesor de matemáticas y física en el mismo instituto donde había sido estudiante, obteniendo al año siguiente el premio municipal de Santiago por su contribución a la física y a la matemática. Otra beca del Institute of International Education le permite en 1943 residir en Estados Unidos para estudiar mecánica avanzada. A su vuelta a la Universidad de Chile, en 1946, toma posesión de su plaza como profesor de mecánica racional y comienza a escribir sus primeros antipoemas. La concesión de una nueva beca en 1949 le permite pasar dos años en la Universidad de Oxford estudiando con el cosmólogo Edward Arthur Milne. Es en este periodo cuando compone, influido por las lecturas de Auden y Eliot, su largo y célebre “Soliloquio del individuo”, que acabará formando parte de la publicación, en 1954, de su libro “Poemas y Antipoemas”, recibido con gran éxito de crítica y público pero también acompañado de una fuerte polémica, debido a su tono iconoclasta. En este libro escrito con “el lenguaje de todos los días”, utiliza  frases hechas y  dichos populares, reforzados con un agudo sentido de la ironía y una visión escéptica de la civilización y de la cultura. En estos poemas da vida a un sujeto poco fiable, al que le gusta retocar su biografía de manera sarcástica, utilizando monólogos entrecortados e inconexos que expresan su neurastenia vital. Poco después de la publicación, en 1958, de “Cueca larga”, Nicanor Parra emprende un viaje que le lleva por Suecia, Moscú, Pekín, Roma y Madrid, y  a relacionarse con los poetas norteamericanos Allen Ginsberg y Ferlinghetti. En 1962 Pablo Neruda es nombrado académico de la facultad de Filosofía de Chile y a Nicanor Parra se le invita a dar el discurso de recepción: lo que pretende ser un homenaje es transformado por Parra en una parodia que muestra la distancia entre dos concepciones divergentes de la poesía, distanciamiento que se hace aún más marcado cuando meses más tarde publica “Versos de Salón”. En este libro aparece la figura del “energúmeno”, un sujeto disociado, algo esquizofrénico, que está sacado de sus casillas y que no responde de sus actos. La unidad de su poesía, según señala el propio Parra, no es ya la palabra, ni la estrofa, ni la frase, sino el mismo verso, que aparece como aislado, dando en esa retahíla de versos casi escupidos una sensación de desorden controlado, de automatismo irónico que acaba reflejando los clichés del pensamiento y los lugares comunes de la conversación cotidiana. Años más tarde, para explicar el impacto de su obra en las generaciones más jóvenes, Parra definiría el antipoema como “la punta de un alfiler que toca un globo que está por reventar”. Después de la publicación en forma de cartel del poema “Manifiesto”, donde lanza su andanada contra los tres iconos de la poesía chilena, (es decir, Huidobro, De Rokha y Neruda: “Nosotros condenamos/-y esto sí lo digo con respeto-/la poesía de pequeño dios/la poesía de vaca sagrada/la poesía de toro furioso”), Parra pasó varios meses en la Unión Soviética, y en los años siguientes viajó a Cuba, Perú, Venezuela y Checoslovaquia, llegando a pasar por algunas ciudades norteamericanas como poeta invitado. Unas de las mayores conmociones en la vida del poeta se produce el año en que publica Canciones Rusas (1967), con motivo del suicidio de Violeta Parra, hermana menor a la que había apoyado en sus investigaciones sobre el folklore de la música chilena, con quien había colaborado en diversas grabaciones y a la que dedicó el poema “En defensa de Violeta Parra”: “Tu dolor es un círculo infinito/ que no comienza ni termina nunca”. En 1969 le conceden el premio nacional de literatura y publica “Obra gruesa”, donde recopila la obra escrita hasta entonces, e incorpora un libro inédito titulado “Camisa de Fuerza”. Los textos se van haciendo cada vez más breves, y crea su propio discurso a contracorriente mediante la utilización paródica de otros textos y discursos -oraciones, textos legales o escolares, anuncios-, que van dirigidos a desvelar la falsa moral inoculada por las instituciones y todo aquello que oprime y enajena al ser humano. En 1972 da otro  giro de tuerca y publica “Los artefactos”, caja con más de doscientas tarjetas que van acompañadas de ilustraciones, eslóganes y grafittis. Los artefactos, por su función de desplazar al libro y al poema como vehículo de poesía, se acaban convirtiendo en antipoesía en estado puro. Por su intención transgresora y beligerante, los artefactos pueden compararse, en palabras de Parra, con los fragmentos de una granada. “La granada no se lanza entera contra la muchedumbre. Primero tiene que explotar: los fragmentos salen disparados a altas velocidades, o sea, están dotados de una gran cantidad de energía y pueden atravesar entonces la capa exterior del lector (…) porque se trata de penetrar, de romper, de sacar al lector de su modorra y pincharlo”. Con el golpe de estado perpetrado por Pinochet en 1973, Parra cae aún más en el ostracismo, a pesar del intento del régimen por utilizar su imagen. Sin libertad de cátedra, abandona la Universidad y comienza a elaborar un discurso poético enmascarado bajo diversos alter egos, para poder así desafiar la censura de la dictadura. En 1977 y 1979 Parra publicó dos volúmenes de “Sermones y prédicas del Cristo de Elqui” en los que prestaba la voz poética a un personaje extravagante que había conocido en su juventud: Domingo Zárate Vega, alias el Cristo de Elqui, un iluminado que deambulaba por Chile en los años treinta, y que se instalaba en parques y plazas para predicar a los transeúntes y para venderles folletos de poesía. “En último término” -dice Parra- “lo que yo me proponía con el Cristo era poner de manifiesto lo siguiente: que no es posible predicar. Toda prédica cae en el Cristo de Elqui, y ahí se vienen abajo los discursos ideológicos, políticos o religiosos. Lo que hay en acción es una fuerza neurótica, con momento de lucidez voluntaria, y a ratos involuntaria”. En algunos textos inéditos de la antología “Poesía política” y en la nueva caja de tarjetas postales “Chistes para desorientar a la policía poesía”, ambas de 1983, eleva aún más el tono en su denuncia de la dictadura. También comienza a desarrollar una denuncia ecológica o ecopolítica cuya proclama queda esbozada en los siguientes versos: “entendemos x ecologismo/un movimiento socioeconómico/basado en la idea  de armonía/de la especia humana con su medio/que lucha x por una vida lúdica/creativa igualitaria pluralista/libre de explotación y basada en la comunicación/y la colaboración de las personas”. En 1985 publica “Hojas de parra”, retomando la línea antipoética de “Obra Gruesa”. En los últimos años ha llevado a cabo con éxito por distintos países su obra poética y visual mediante exposiciones e instalaciones. Especial impacto causó la exposición en el palacio de la moneda de Santiago de Chile, en 2006, por su feroz intencionalidad política (en una de las instalaciones hace des-aparecer ahorcados a todos los presidentes del país). Ya con 96 años, en septiembre de 2010, se une a la huelga de hambre que comuneros mapuche habían iniciado unos meses antes para protestar por su encarcelamiento abusivo -aplicación de ley antiterrorista- tras la ocupación de  tierras que consideraban de su propiedad. En diciembre de 2011 se le concedió por fin la gracia del premio Cervantes. Fallece el 23 de enero de 2018.
 


ADVERTENCIAS

Se prohíbe rezar, estornudar
escupir, elogiar, arrodillarse
Venerar, aullar, expectorar.

En este recinto se prohíbe dormir
inocular, hablar, excomulgar
armonizar, huir, interceptar.

Estrictamente se prohíbe correr.

Se prohíbe fumar y fornicar.


sábado, 20 de enero de 2018

AFORISMOS Y CAVILACIONES 20. Sobre la técnica (II)




LA SALVACIÓN DE LA TÉCNICA. ¿Qué es lo que nos prometen los gurús de la tecnología para el mundo futuro? La comunicación universal por medio de traductores simultáneos y la detección precoz de las enfermedades mortales y, al hacerlo así, con toda la autoridad que les da el ser los nuevos popes de la vida moderna, nos pareciera que nos prometen salvarnos de la muerte y de la incomunicación entre los hombres, pero lo cierto es que el hombre ni puede salvarse de la muerte -y saberse mortal es además lo que le salva- ni tampoco puede salvarse de la  incomunicación por medio de una máquina. No se puede prometer que las máquinas vengan a resolver lo que sólo puede resolver el hombre, y el problema aún se hace más grave cuando el hombre delega en las máquinas la tarea de su resolución.
 
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DIVERSIÓN ÚNICA. Se diría que hoy hay más diversiones que nunca, pero nada es lo que parece. Cuando los jóvenes se aburren, ya sólo su teléfono les divierte.
 
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LA NOSTALGIA DE PASCAL. Es como si internet se hubiera ideado para que navegasen las mentes dispersas. Pues no entramos a navegar por internet porque estemos ya dispersos, sino que estamos dispersos por habérsenos ocurrido entrar en internet, que es, por lo general, y a nuestro pesar, la más habitual y desdichada de nuestras ocurrencias. Internet no recoge a los dispersos; más bien los fabrica. Ya nos lo advertía el añorado Pascal: todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no conseguimos estar solos y tranquilos en nuestra propia habitación.

viernes, 12 de enero de 2018

AFORISMOS Y CAVILACIONES 19. Política y sociedad (V)


 


LAS GRANDES UTOPÍAS NOS LAS DISEÑAN LOS RICOS. Lo más gracioso de las profecías que se nos lanza sobre nuestro futuro más próximo es que quienes  nos llevan a la utopía digital son los que mejor la están prospectando y los que más pasos están dando en su realización: los presidentes de los bancos y de las multinacionales. Todos ellos profetizan un futuro que parecen conocer a la perfección, por la sencilla razón de que ese futuro está siendo diseñado y planificado por ellos, y en esos planes han invertido ingentes cantidades de tiempo y dinero. La utopía de la humanidad es ya cosa de ricos, y por supuesto en ella no caben los pobres más que como pobres diablos alienados que aún quedarán más desheredados. Si la utopía fue una vez sueño de desharrapados que querían heredar una tierra mejor, ahora la utopía se gesta entre los ricachones de cuello blanco y frac, que no necesitan heredar una tierra mejor que la que ya poseen, sino sólo gestionarla con el auxilio de unos cuantos algoritmos.


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NO SÓLO LOS SELFIES SON HORTERAS: Hortera es todo aquello que es digno de ser fotografiado sólo por el hecho de haber sido fotografiado por otros. El colmo de este fenómeno ya es fotografiar las fotografías que se hallan expuestas en una exposición fotográfica, como a menudo se hace.


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LA ARCADIA YA ESTÁ AQUÍ. Se puede conseguir ya que gran parte de las tareas de la humanidad sean realizadas por máquinas –o sea, que ya podemos dejar de trabajar en cosas inútiles-, pero es importante, para inducir la alienación y la domesticación humana, que sean primero los hombres los que colaboren con las máquinas, ayudando a realizar los trabajos de aquellas  empresas que van a quedar finalmente automatizadas; pues es precisamente de esta forma como se logra el grado de sumisión requerido para que no haya una rebelión que exija que la riqueza se reparta. Mientras los usuarios de servicios trabajen para las empresas –mediante el autoservicio-, haciéndoles voluntariamente el trabajo que deberían haber hecho los trabajadores sustituidos por máquinas, los hombres se sentirán culpables y nunca dejarán que las máquinas hagan todo el trabajo a beneficio de la totalidad de los hombres, sino que lo hagan a beneficio de esos pocos hombres patricios, dueños de las máquinas. Mientras el hombre siga colaborando en el trabajo con las máquinas y siga haciendo el trabajo que deberían hacer las empresas y las máquinas, jamás se llegará a la conclusión de que toda la labor de los trabajadores puede ser ejecutada por máquinas, y que por fin podría ya ponerse a vacar, a aprovechar los frutos del esfuerzo de las generaciones precedentes, a vivir en una especie de arcadia donde, por un lado, se hallaría la existencia de las máquinas, cuya función sería hacer la vida más llevadera al hombre, y, por otro lado, estaría el hombre, sin contacto con las máquinas, llevando una vida  idílica, dedicándose a labores nobles y dignas propias del ser humano, sin apenas esfuerzo y sufrimiento.


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LOS DÍAS MENOS PRECARIOS DEL AÑO: El empleo está tan precario que ya sólo podemos crearlo por inspiración en los grandes días y acontecimientos del año: los Black Friday, los domingos de resurrección y los martes de carnaval, algún día de las vacaciones, en las fiestas patronales, en los días de Navidad y en las noches de Halloween. Los demás días laborables, la mayoría de las personas se quedan sin laborar. Y en realidad, el asunto sería de chiste si no fuera porque la situación es grotesca: la cuarta parte de los contratos de trabajo ya duran menos de cinco días.

martes, 9 de enero de 2018

POETAS 120. John Milton. El Paraído perdido (I)


John Milton nace en Londres el 9 de diciembre de 1608. Su padre, notario y buen músico, no reparará en gastos para la educación de su único hijo. Asiste a la reputada escuela de San Pablo, fundada por el humanista John Colet.  Cuando cumplió los 16 ya era un poeta que comienza a adquirir maestría en la métrica inglesa y latina. A esa edad se muda a Cambridge para seguir sus estudios como becario. A los 24 años deja Cambridge, después de padecer castigos y humillaciones, y regresa al hogar paterno para dedicarse durante cinco años a su vocación poética, inspirado por Homero y la Biblia. Se dice que en ese periodo leyó a todos los escritores griegos y latinos y aún tuvo tiempo de escribir piezas para algún espectáculo dramático. Al cumplir los 30 años, el padre le da permiso para que viaje con un criado por toda Europa. Provisto de numerosas cartas de presentación, el joven Milton alterna con algunos de los personajes más representativos, es acogido en los círculos de intelectuales de muchas ciudades, conversa, escucha y aprende. En Paris discute con el holandés Hugo Grocio -a la sazón embajador de la Reina Cristina de Suecia- sobre cómo reunir las dispersas iglesias protestantes. Su curiosidad astronómica le lleva a visitar a Galileo en la prisión donde estaba encarcelado. Permanece dos meses en Florencia. De allí pasa a Siena, y más tarde a Roma y a  Nápoles, en un largo viaje por toda Italia. Cuando ya se dirigía desde Sicilia a Grecia, recibe las noticias del estallido de la guerra civil inglesa y decide regresar a su patria. A primeros de Agosto de 1639 se halla ya en Londres apoyando la facción de Cromwell contra el despotismo de los Estuardos.  Durante un tiempo vive a las afueras de Londres en una casa arrendada y allí se gana la vida impartiendo clases con un método de enseñanza novedoso.  A principios de 1642, durante un viaje al campo, conoce a Mary Powell, y poco después se casa con ella, pero al mes de la boda la novia abandona la casa y regresa con su familia, con la que continuará viviendo durante cuatro años, hasta que sin motivo aparente vuelve con Milton. Poco se sabe de los motivos de la ruptura y de la posterior reconciliación. Disensiones políticas entre las dos familias, en un periodo de convulsión, están detrás de esa separación que duró cuatro años. Milton era puritano y defensor de una república; la familia de su mujer era anglicanista y defensora de la realeza. A medida que está última iba perdiendo poder ante el empuje del puritanismo, la familia política veía cada vez con más buenos ojos la posición favorable de Milton. Finalmente, la mujer regresó a su casa implorando el perdón de Milton. Debido a la caída en desgracia de la familia de su mujer por motivos políticos, parte de sus miembros invadieron la casa de Milton durante un año, obligado éste a compartir cada momento de su jornada con gente con la que nada tenía en común, que le fastidiaba y le aburría mortalmente y que le impedía la relación con sus viejo amigos. Todos estos acontecimientos pesaron en el ánimo de Milton hasta el punto de que le impulsaron a producir una retahíla de escritos sobre el tema del matrimonio y del divorcio: “La doctrina y disciplina del divorcio”, 1644, a la que siguió “El juicio de Martin Bauer en lo que respecta al divorcio”, y al año siguiente añadió su “Exposiciones sobre los cuatro puntos principales de la escritura que tratan sobre el matrimonio”. Al compás de los convulsos acontecimientos políticos, Milton presta la pluma para la causa defendida por Cromwell y escribe una serie de diatribas contra el poder de los obispos, sobre la educación de los jóvenes y sobre la libertad de imprenta. Finalmente, el escrito que aparece en enero de 1649, “Sobre los deberes del Rey y de los Magistrados”, va a dar la estocada a un régimen que ya estaba herido de muerte después de haber sufrido un regicidio: la decapitación de Carlos I. En marzo de 1649, ya convertido en el adalid intelectual del nuevo régimen, es nombrado secretario para las lenguas extranjeras del Consejo de Estado. Su cometido consistía principalmente en ocuparse de la correspondencia con los gobiernos extranjeros, lo que en la práctica le convirtió en vocero oficial de la revolución. A este periodo triunfal de Milton va a suceder otro periodo de calamidades que comienza con la pérdida de la vista a partir de 1651. “Estar ciego no es penoso –llegará a escribir Milton-; el no poderlo soportar si es penoso. Mas ¿por qué no voy a ser capaz de soportar algo que puede acaecerle a cualquier mortal, algo que les ha sucedido efectivamente a algunos de los mejores y más grandes hombres que se recuerdan?”. Tres días después de dar a luz una segunda niña, muere su primera mujer, y enseguida le va a acompañar la muerte de su hijo varón. En 1655, tiene que cesar en su cargo de secretario y se casa en segundas nupcias con Katherine Wookcock, con tal mala suerte que al cabo de un año también fallece ésta. Su calamidad íntima se ve exacerbada por la adversidad de un escenario político que muta bruscamente. En 1659, cuando la Commonwelth ya se había desbaratado, todavía se siguen dando a imprenta panfletos republicanos escritos por la mano de Milton. La causa monárquica se va imponiendo y adviene la época de la restauración con la entrada en Londres, en 1660, del nuevo rey Carlos II Estuardo. Una docena de regicidas son ajusticiados y distintas personalidades encarceladas, mientras el cuerpo exhumado de Cromwell es colgado y su cabeza expuesta en un pica. Milton es declarado prófugo de la justicia, se esconde en casa de un amigo, se le descubre y es encarcelado durante dos meses, hasta que al final es puesto en libertad, pero perseguido por la humillación y la derrota, llegándose incluso a quemar en público alguna de sus obras. No obstante, teniendo en cuenta la preeminente posición de la que gozó durante el régimen de Cromwell, Milton salió muy bien parado. Se libró desde el principio de la condena a muerte o a prisión perpetua con que se castigó a alguno de sus camaradas. Samuel Johnson revela las razones de la indulgencia: “él era ahora pobre y estaba ciego; ¿y quién habría de perseguir con violencia a un enemigo ilustre, deprimido por la fortuna y desarmado por la naturaleza?” A partir de entonces pasará grandes estrecheces económicas y se esforzará en materializar el sueño que acarició en su juventud: una obra sobre el mito del paraíso perdido. Mientras labora en este poema épico, se vuelve a casar, a los cincuenta y cinco años, con una mujer a la que dobla la edad: Elizabeth Minshull, que no contaba con ninguna fortuna. Posteriormente a su destitución y a este tercer enlace, al parecer se le ofreció continuar en su antiguo puesto, y a las presiones de su nueva mujer para que lo aceptara, Milton muy digno respondió”: “Tu, como otras mujeres, quieres pasear en tu coche; mi deseo es vivir y morir como un hombre honrado.” En 1665, a consecuencia de una peste que asola Londres, pasa un periodo de casi un año en el campo, en Chalfont St. Giles. Ya de regreso a Londres, da término a su “paraíso perdido” y lo lleva a imprenta, con una primera edición de mil trescientos ejemplares que se agota al cabo de dos años, un verdadero éxito editorial para la época. Publica a continuación “El paraíso recobrado”, obra excesivamente didáctica, cuyo asunto lo constituyen las tentaciones de Jesús en el desierto. A continuación publica  el drama “Sansón agonista”, que sigue las reglas de la tragedia griega para presentarnos a un sansón ciego y colérico que trama su venganza contra los filisteos. Atormentado por la gota al final de sus días, y ya conciliado con las dificultades provocadas por la ceguera, convierte sus últimos años en una reivindicación de su figura, consiguiendo el éxito que se le había negado desde la llegada de la restauración, y siendo visitado en su casa por numerosos amigos y admiradores. Muere el mismo año en que se edita por segunda vez su “Paraíso Perdido”, el 8 de noviembre de 1764

De estatura  no muy alta, Milton se defendía de los que le acusaban de enclenque, alegando tener un espíritu y una fuerza vigorosa y especialmente dotado para el arte, debido a su amor apasionado por lo bello. Confesaba tener una ambición desmedida por la inmortalidad de la fama. En algún momento aspiró a hacer carrera en la iglesia, pero su  pasión por la libertad le llevó a renunciar a un ministerio que consideraba corrupto. En su “Segunda defensa del pueblo inglés” muestra su orgullo por no haber sido jamás “incitado por la ambición o por el deseo de lucro o de gloria”. Lo que movía a Milton era un puntilloso sentido del deber hacia su propio país. Pero su heterodoxa manera de demostrarlo, colocándose contra “los injustos privilegios de los tiranos”, le atrajo el odio de las personas sin principios y, con la restauración de la Monarquía, Milton cayó en desgracia y perdió casi toda su influencia. Johnson nos ha dejado una semblanza de su régimen de hábitos a lo largo de su vida: “Bebía escasamente de cualquier bebida fuerte, y se alimentaba sin exceso de manera suficiente, y en sus años tempranos sin ser delicado a la hora de escoger. En su juventud solía estudiar hasta avanzadas horas de la noche; pero más adelante cambió sus horas, y permanecía en cama de nueve a cuatro en el verano, y hasta las cinco en el invierno. El transcurso de su rutina cotidiana fue mejor conocido después de que se quedara ciego. Lo primero que hacía, al levantarse, era escuchar un capítulo de la biblia hebrea y luego estudiaba hasta las doce; entonces hacia algún ejercicio durante una hora; luego comía; después tocaba el órgano, y cantaba, o escuchaba a otro cantar, más  tarde estudiaba hasta las seis; luego atendía a sus visitas hasta las ocho; después cenaba y, tras una pipa de trabajo y un vaso de agua, se iba a la cama”.

La exigencia de su ideario poético se trasluce de una carta dirigida a Henry de Brass: “El que quiera escribir dignamente acerca de acciones dignas, debe hacerlo con dotes intelectuales y con experiencia de las cosas no menos que si fuera el propio artífice, de modo que sea capaz con la misma mentalidad de comprender y valorar incluso el más grande de los eventos y, una vez que lo ha comprendido de modo cabal, trasladarlo clara y gravemente a una lengua pura y casta”. En otros escritos insistió en esa ambición poética al decir que quien aspira a escribir de las cosas más grandes, deberá ser a su vez el mismo un verdadero poema, y si canta a los héroes, el poeta ha de tener madera de héroe y de algún modo ha de haber pasado por las experiencias que narra en sus poemas.

De su profesión de fe nos informa Johnson lapidariamente: “El había decidido qué tenía que condenar antes de preguntarse qué aprobar. No llegó a asociarse con ninguna denominación de protestantes: sabemos más bien lo que no era, antes que lo que fue. No era de la iglesia de Roma; no era de la iglesia de Inglaterra”. También ha sido calificado de hereje original del cristianismo, con ideas gnósticas. Para Harold Bloom, era un monista radical, muy escéptico de cualquier fe y que recusaba el dualismo alma- cuerpo y la creación del mundo a partir de la nada. Menéndez Pelayo, hablando de Milton en sus “ideas estéticas en España”, dice que es la expresión más clásica del renacimiento inglés. Después de atribuirle estar imbuido de idealismo platónico y cristianismo por parte iguales, agrega que “Milton fue precursor de las más audaces doctrinas religiosas y políticas que desde el siglo XVII han conmovido el mundo; Milton sospechoso de unitarismo, de arrianismo, acérrimo contradictor de la jerarquía episcopal, apologista del tiranicidio, de la soberanía popular omnímoda, de la absoluta libertad de imprenta y del divorcio, es, por un fenómeno nada infrecuente en la historia literaria, clásico puro y conservador rígido de tradición literaria, así en el fondo como en la forma.”

En una segunda entrega se tratará de analizar el contenido del Paraíso Perdido. El asunto de la obra es la caída del hombre, pero más importante que este motivo central es tal vez  lo que se nos describe entre bambalinas antes de la llegada de Satán al Edén para tentar a Adán y Eva: la majestuosidad espacial en que se mueven personajes teológicos y metafísicos, que parecen ventilar cuestiones de importancia trascendental para el drama de la creación, la llamada a la rebelión entre las huestes de los ángeles, la posterior lucha entablada que llevará a la facción secesionista al ostracismo en el infierno, pero, sobre todo, va a cobrar peso la personalidad de un Satán infatigable que busca por todos medios la venganza y que llevó a Shelley a exclamar que el diablo se lo debía todo a Milton.
Se ofrecen aquí fragmentos de los seis primeros libros, en traducción de Enrique López Castellón. Con posterioridad se ofrecerán fragmentos de los otros seis libro que faltan para completar este gran poema escrito en verso blanco.


LIBRO PRIMERO (fragmento)


SATAN TOMA POSESIÓN DEL INFIERNO


Abre después las alas y alza el vuelo


Por el aire en tinieblas sostenido,


Que un peso nada usual experimenta,

Hasta que al fin desciende en tierra seca,
Si así cabe llamar a la que ardía
Con un sólido fuego, frente al  agua
Que con líquidas llamas se abrasaba.
Por su aspecto al surgir, se parecía
En fuerza al subterráneo torbellino
Que formó el promontorio del Peloro
O al Etna cuando brama por sus grietas,
Debido a sus entrañas combustibles,
Que conciben un fuego condensado
Con furia mineral que lanza al cielo,
Y en vendaval lo esparce generando
Una humareda densa y corrompida
Que llega a socarrar la tierra entera.
Así era el suelo aquel donde posara
Los maldecidos pies. Su compañero
Seguíale; los dos iban ufanos
De haber salido ilesos, como dioses,
De las aguas de Estigia por sí mismos,
Sin la ayuda de Dios omnipotente.